Mexicanos enseñaron a ticos grabar sonidos de la naturaleza

Durante esta semana expertos mexicanos enseñaron a grabar los sonidos de la naturaleza en nuestro país. A este campo de la biología se le conoce como bioacústica, cuya práctica consiste en investigar la producción y recepción de sonidos biológicos, incluidos los humanos, los mecanismos de transferencia de la información biológica por vínculos acústicos y su propagación en medios elásticos.

 

 

Mediante un curso, impartido gracias al esfuerzo conjunto de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y la Universidad Nacional (UNA) se integró a estudiantes y profesionales en el campo para que conocieran las técnicas de grabación de sonidos animales, el equipo necesario, así como métodos y técnicas vanguardistas para el análisis de los sonidos, su importancia y aplicación en la investigación y conservación.

 

El banderazo de inicio de las actividades se dio con la conferencia Aplicaciones presentes y futuras de la bioacústica como herramienta para la investigación y la conservación, dictada por el profesor Fernando González del Instituto de Ecología de Xalapa, Veracruz, México, en compañía de Héctor Perdomo del Centro de Investigaciones en Ecosistemas, UNAM.

 

González explicó que el monitoreo acústico en ambientes terrestres es de larga data. Desde los años cuarenta, científicos de la Marina de los Estados Unidos han tratado de investigar ¿cómo es que un pequeño cuerpo como el de la cigarra es capaz de hacer un sonido tan intenso, con tan poca energía?

 

Hasta ahora, explicó, han encontrado que las cigarras producen su sonido al colocar su cuerpo en una posición especial y hacer percusión golpeando sus músculos sobre una membrana acostillada (timbal) en los costados de su torso. La cigarra es capaz derepetir el movimiento hasta 400 veces por segundo llegando a intensidades de 100 dB.

 

El investigador reveló que los animales producen sonidos para defender territorios, atraer parejas, alejar depredadores, navegar, encontrar alimento y mantener contacto con los miembros de su grupo social. Por su parte, las grabaciones acústicas, según él, ofrecen una solución práctica para describir la riqueza de especies, composición y patrones de ocupación.

 

La ecología del paisaje sonoro

 

El investigador señaló que la ecología del paisaje sonoro es una nueva disciplina de la ecología, que estudia el sonido dentro de un paisaje. Esta técnica busca investigar la estructura de los paisajes sonoros, explicar cómo son generados y estudiar cómo pueden afectar a los organismos.

 

Investigaciones en este campo han permitido conocer acerca de especies específicas, por ejemplo del pingüino emperador que se reproduce sin nido en colonias de hasta 300 000 parejas de aves.

 

Para ser alimentado, el pollo debe reconocer a sus padres en un ambiente ruidoso usando claves vocales. Se calculaba que la máxima distancia a la que se podría identificar el llamado del ruido era de nueve metros; sin embargo, los pollos pueden discriminar el llamado de sus padres a distancias mayores.

 

En relación con otras especies, se sabía que los despliegues sexuales se dan en ausencia de depredadores; no obstante, el macho de la ratona australiana franjeada (Malurus splendens), vocaliza cortejando durante los llamados de depredadores. Se documentó que las hembras ponen más atención después de escuchar llamados del depredador que cuando está ausente y, además, responden con mayor fuerza.

 

Otra arista de las investigaciones está relaciona con la respuestas al ambiente y a la perturbación. Se compararon vocalizaciones del canto de rorcuales (una especie de pez) (20 Hz) en el Atlántico en situaciones con tráfico marítimo y durante una prueba sísmica con pistolas de aire. Con ruido alto las notas de estos peces tuvieron una reducción de tiempo, ancho de banda, frecuencia central y frecuencia pico.


En definitiva, se ha demostrado que el ruido ha generado alteraciones sobre la conducta y distribución de aves y otros vertebrados. También, se ha demostrado que las vocalizaciones son individualmente distintivas en varias especies de aves y según el género.

 

Las plantas también han sido objeto de estudio, según los resultados obtenidos, estas detectan y reaccionan a diferentes sonidos al parecer con microtricomas de tan sólo 0.1 milímetro. Se expusieron raíces de maíz a sonido desde un lado, lo cual hizo crecer las raíces hacia la fuente de sonido. Además, las raíces vibraron en la punta con una velocidad determinada pareciendo comunicarse una con otra.

 

"Un aspecto fundamental en el estudio y conservación de la biodiversidad han sido los archivos de sonidos o colecciones bioacústicas, producto, obviamente de las grabaciones de paisajes que se realizan", dijo el investigador. En México, explicó González, la investigación en el campo de la bioacústica es incipiente, debido, entre otras cosas, a la carencia de colecciones de sonidos.

 

De acuerdo con el experto, la importancia de las grabaciones radica en que se generan base de datos para la investigación en conducta y monitoreo de la biodiversidad, relaciones entre especies, variación geográfica, delimitación de especies, subespecies, también son útiles en iniciativas de conservación, pueden aprovecharse para fines comerciales, educación y uso personal; entre otros.

 

Se proyecta que en el futuro la bioacústica se aplicará a la diagnosis de nuevas especies, monitoreo acústico, manejo de poblaciones, trabajos comparativos entre trópicos y áreas templadas, patrones de variación geográfica y transmisión del sonido en ambientes urbanos; solo por citar algunos ejemplos.

 

En entrevista con González, él comentó: "Esto es bastante nuevo. Lo que tenemos hasta ahora es la evidencia de que están pasando cosas en las zonas urbanas, en el caso específico de las aves, seguro está pasando con otras especies".


El investigador señaló que como toda ciudad, San José tiene un paisaje sonoro compuesto por tres elementos: biofonías, geofonías y las antropofonías, ¿qué tan cargado está de uno u otro lado? No se sabe; lo importante, según él, es conocer sobre los ruidos porque muy probablemente muchas enfermedades se deban al ruido.

Lo primero que hay que hacer, apunta, es el mapa sonoro de la ciudad, para determinar cómo está el sonido y con el tiempo la población le va a dar la importancia que tiene pues se trata de un tema de salud.


"Los sonidos son muy importantes, nosotros deberíamos ser muy auditivos como humanos porque lo primero que nos pasa cuando estamos en el vientre es oír cosas y después de que crecemos nos hacen mucho más visuales, entonces, perdemos esa capacidad y con el tiempo el cerebro discrimina cosas, ya vas por una ciudad y no oyes ruidos. En el momento en que nos hagamos más auditivos vamos a protestar por tanta contaminación", dijo González.


En América Latina son pioneros en investigación en bioacústica Brasil y Colombia, en México tienen algún trabajo realizado, en Centro América solo Costa Rica ha dado unos pocos pasos; los países más adelantados en la materia son Estados Unidos y naciones de Europa.

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