El intercambio de semillas y de conocimiento

Vilma Peña, Dra.   Directora de Extensión Universitaria
Julio-Agosto 2010. Edición 30

  

¿Qué es este fiel proceso en el que espíritu y semilla se unen para caer en terreno yermo y devolverle la fecundidad?   No tengo pretensión de comprender sus prodigios.  Sólo sé que, gracias a él, lo que parecía muerto ya no lo está, lo que parecía perdido tampoco lo está, aquello que algunos consideraban imposible resulta claramente posible, y cualquier terreno en barbecho sólo está descansando, descansando y a la espera de que el viento le lleve la bendita semilla con la gracia divina.  Y lo hará.     Dra. Clarissa Pinkola Estés.

   


Recientemente, asistí a la Feria de las Semillas realizada en Ciudad Neily; allá nuestra extensionista, la Ing. Tatiana Villalobos, junto con otros cómplices del MINAET y del INTA, preparaban esta importante celebración.

La actividad reunió aproximadamente a 25 productores orgánicos que en un acto generoso eligen las semillas que siembran en sus fincas para intercambiarlas entre ellos y ellas y entre la comunidad que se acerca curiosa a ver de qué se trata la feria.

También explicaron, en un conversatorio, la importancia de la semilla criolla en contraposición a la semilla transgénica y de la relación que tienen las semillas y la seguridad alimentaria. Finalmente, expusieron el proyecto donde participa la UNED para la creación de los bancos de semillas en los diversos territorios para salvaguardar la vida, esa que no es de nadie, que no debe patentarse.

En esta ocasión, participaron un importante grupo de gestores y gestoras locales, tanto del Sur como del Caribe, así como el coordinador del Programa de Gestión Local, Javier Ureña, y colegas que profundas huellas han dejando a través de esos procesos de capacitación que, para muchas personas pasan inadvertidos; así este grupo participa y aprende, pero sobre todo reproduce los aprendizajes.

Al mismo tiempo, en San José de Guaviare en Colombia, nuestros homólogos de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia de Colombia (UNAD) celebran un “despliegue estratégico”, una actividad académica que sirve para rendición de cuentas y para autoevaluación en acompañamiento a otros quehaceres académicos.   Al estar compartiendo nuestros trabajos, me invitan a un panel en el marco de esa actividad, por ser contrapartes y estar intercambiando conocimientos, en otras palabras, por actuar como cómplices en un mismo predio, ese denominado la educación pública superior a distancia en la América Latina.

De esta manera, participé el viernes 23 de julio pasado en ambas actividades de dos maneras: presencial y por webconferencia.

Al llegar la noche, medité en cuánto se parecen las semillas al conocimiento.
Lo que hacemos desde la extensión universitaria es una siembra, muchas veces ni siquiera podemos mirar el fruto, pues ese viene después; sí nos tocó elegir el terreno, preparar los insumos, poner la fuerza y la fe para que la tarea de hundir la semilla en suelo fértil, no sea un acto estéril.  

Ambas tareas no se realizan en  solitario, somos muchas las personas que intervenimos y que con esperanza hacemos el ejercicio de elegir las semillas, el terreno, a las y los sembradores y luego acompañar el ciclo de vida.  No importa cuál mano ponga la semilla en la tierra, el impacto de ese acto afectará a muchas personas, no solo a una.   
La semilla, la simiente, nos remonta a lo originario, a la magnificente expresión de la vida y también a esa contradicción natural de cómo un elemento tan pequeño puede convertirse en algo grande y poderoso.    

El conocimiento es igual; puede iniciarse como algo minúsculo, pero puede desarrollarse en dimensiones extraordinarias e insospechadas.   El conocimiento es poderoso y originario y a la vez no debiera tener dueño/a, que sea de todo el mundo y de nadie.

Ambos procesos nos enfrentan con la diversidad, pues las semillas de los árboles pueden ser tan grandes o pequeñas como las semillas de una fruta o una hortaliza.

Y el conocimiento también, es diverso, se transforma siempre, puede intercambiarse, y a la vez, se espera que se multiplique y sea de utilidad.

En ambos procesos, veo cómo la vida se encarga de lo simple y lo complejo, de cómo una semilla tiene tanto poder para transformar espacio-suelo-energía; también veo cómo las comunidades se organizan, mueven recursos y voluntades para construir un acueducto, para cuidar una cuenca, para preservar sus tradiciones o  sencillamente para soñar el mañana que quieren dejar a las futuras generaciones.